Estuve un año sin tener citas (muy, muy pocas, poco interesantes), casi sin tener conversaciones que me interpelen un poco.
Llevé la bandera de “está difícil vincularse”, creí que era yo, las app, el amor líquido, los varones que no entendían a mujeres como yo ¿?
En algún momento paré la pelota y dije “esto no es una verdad absoluta”. Si bien vincularse puede estar difícil hay un montón de gente en vínculo o que por lo menos tiene citas y la pasa bien.
Me pareció que si quería ver resultados diferentes tenía que hacerme otras preguntas. Y empecé a preguntarme qué estaba poniendo en juego yo que generaba una barrera.
Descubrí que estaba más enfocada en ir a ver qué hacía el otro, que de poner de mí lo necesario para generar algo copado. Entonces me pregunté por qué hacía esto. Y la respuesta fue “porque tengo miedo".
Indagando un poco pude ver el miedo que tenía de atravesar situaciones de angustia abrumadora como la de mi último vínculo (que se desataron ahí pero seguro vienen de algo más viejo).
Resulta que la angustia abrumadora es la contracara de los subidones de adrenalina, y estas se suceden en un ciclo que es como el de la adicción, cuanto más subidón, más bajón después.
Registré que para salir de este círculo vicioso no tenía que poner tanto el foco en el momento de crisis sino más bien en el de subidón, cuando parece que todo es espectacular!
La adrenalina (sensación de placer asociada al vértigo, el miedo, la velocidad y el peligro) es también la hormona del estrés, si me acostumbro a ella por experiencias de excitación y placer, acostumbro a mi organismo a necesitar su dosis y después puedo “inconscientemente” darme un “shot” adrenalínico teniendo una discusión acalorada. Los vínculos tóxicos funcionan más o menos así: se pelea "muy mal" pero se coge "muy bien"¿?
Toda esta caída de fichas hizo que empezara a ser una red flag para mí la velocidad de las cosas: que se generara intimidad o frecuencia demasiado rápido, y sobre todo que mis expectativas, deseos, mi atención y mis ganas estuvieran fuera de timing.
Me acuerdo que una vez, después de una primera cita, un flaco me dijo "fue una de las mejores noches de mi vida". Unos días después me ghosteó, no toleró su propia exageración.🤭
Como yo ya venía observando esto de las red flag, pude ver lo fuera de realidad que estaba su frase. Así y todo sentí como una especie de orgullo, como si realmente yo fuera tan espectacular para generarle eso. ¡Pues no, mi ciela! Eso está corrido de eje.
Empecé a registrar en qué momentos yo hacía lo mismo, volcar un montón de expectativas y proyecciones en alguien que -como dice Adiós Cachorra- es apenas un “chateante”.
Entendí que algo de este modelo de picos de adrenalina es lo que nos propone nuestro paradigma actual donde la satisfacción inmediata y los placeres exagerados se valoran mucho más que la paz. Y Disney, claro que sí. Las novelas de la infancia. La noción de que la felicidad es estar de pico en pico, de fiesta en fiesta, de cocktail en recital, en viaje, en retiro, en eventos, haciendo no sé qué, con no sé quién, todo siempre muy arriba. ¡Y no! Felicidad es serotonina y es estabilidad. Es una sensación de bienestar sostenida, no picos.
Tejo acá algunas herramientas: